La flota ballenera japonesa acaba de regresar de su campaña anual de cacería ilegal de grandes cetáceos dentro del Santuario Internacional Antártico, con los restos de lo que fueron 333 ballenas en sus bodegas, sin que ningún país se haya opuesto a la masacre.

Sea Shepherd ha sido la ùnica Organización que se ha opuesto a esta caza ilegal en forma directa, por 12 años. Pero la ampliación del área de caza, el reforzamiento de los medios tecnológicos de la flota ballenera y la protección militar con la que ésta cuenta, nos llevaron a alcanzar el límite de nuestras posibilidades, mucho más restringidas. Actualmente, estamos en condiciones de ser mucho más efectivos salvando vidas en otros lugares de lo que lo seríamos en Antártica y ésta es la única razón de que nuestra flota se haya redistribuido por el mundo.

Quiénes nos apoyan, entenderán que, si bien esta decisión fue difícil de tomar, se basa principalmente en el criterio de la eficacia: darle prioridad a actuar ahí donde podemos hacer una diferencia real y no necesariamente ahí donde nos esperan.

Quiénes nos critican y nos acusan de haber abandonado a las ballenas, son libres de demostrarnos que pueden hacerlo mejor que nosotros. Vamos a ser los primeros en felicitarlos y alegrarnos por ellos.